Juvenoide

Que Leonardo DiCaprio no haya ganado nunca el Oscar es ya sabido y lamentado por todos. El actor no es ni siquiera el más nominado sin haber nunca ganado (Peter O’Toole ostenta el “record” con 8 nominaciones, y Glenn Close lo acompaña con sus 6). DiCaprio ha sido nominado cinco veces como actor y una como productor. Sus nominaciones corresponden a Diamante de Sangre, What’s Eating Gilbert Grape (su primera, a los 18 años), El Aviador, El Renacido este año y El Lobo de Wall Street, película por la cual perdió frente a Matthew McConaughey y por la cual también fue nominado como productor.

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Y eso sin contar todas las otras veces en que la Academia pudo haberlo nominado pero no lo hizo: Titanic, Inception, La Isla Siniestra, Revolutionary Road, Los Infiltrados, Django Sin Cadenas y Pandillas de Nueva York son algunos ejemplos de películas importantes y nominadas en sus años respectivos, con muchos Oscars entre ellas, en las cuales el actor californiano ni siquiera fue considerado.

Pero, ¿qué es lo que ocurre? ¿Por qué DiCaprio ha tenido que conformarse con sentarse y aplaudir mientras otros pasan al escenario? ¿Por qué se ha permitido que el actor llegue a ser un meme, un estandarte de los ignorados por la Academia? Y, más importante aún, ¿podrá cambiar su suerte este año?

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La especulación más razonable que se puede hacer respecto a sus constantes derrotas es simple: Leonardo DiCaprio es hombre. La Academia no tiene problemas en galardonar actrices cuando son jóvenes (Jennifer Lawrence a los 22, Audrey Hepburn a los 24, Anna Paquin a los 11, etc.), pero históricamente a los hombres los hace esperar un poco más. Es por eso que es normal que estrellas como Reese Witherspoon, Charlize Theron, Anne Hathaway y Angelina Jolie todas tengan Oscars, mientras que Johnny Depp, Brad Pitt, Tom Cruise y, por supuesto, DiCaprio, tienden a tener que esperar un poco más por sus estatuillas. Es la forma sexista de la Academia de hacer que los hombres realmente “se esfuercen” por sus méritos y los “merezcan” con una larga trayectoria en la industria en vez de darlos a jóvenes como si fueran premio fácil, mientras que no tienen problemas en coronar a las actrices apenas se enamoran de ellas.

Este año la espera ya ha sido suficiente. Más allá de si lo merece o no, desde su última derrota el 2014 y ya con más de 40 años, empieza a ser innegable que a DiCaprio le llegó la hora. Los Oscars tienen que ver más con publicidad que con mérito, por lo que la campaña de un internet enfurecido, los chistes en la industria hacia el actor y la constante conversación sobre lo difícil y sacrificado que fue el rodaje de El Renacido parecen estar dando frutos. DiCaprio es el indiscutible favorito para ganar este año.

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Así que solo queda esperar al domingo 28 de febrero cuando DiCaprio, entre otros pero más importante que ninguno, se tome el escenario del Teatro Dolby y acalle por fin a la masa que reclama por su galardón. ¿Y nosotros? Nosotros tendremos quecelebrar con él.

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Nos vemos el otro año para alentar la campaña de la 5 veces nominada Amy Adams.