Varas

Hace unos 4 años, lo único que quería era tomar mis cosas e irme a Santiago. No era que me hubiese aburrido de Valparaíso. Simplemente me tragué el cuento y me convencí de que todas las oportunidades laborales más bacanes estaban allá.

Así que un día agarré mis pilchas y me fui. Preparado o no, no importaba.

Resulta que cambiarse de ciudad – para en la mayoría de los casos irse a vivir solo -, debe de ser uno de los procesos más bacanes/difíciles/intensos/necesarios de la vida. Siempre he considerado que la tenía fácil comparado con otra gente. Mal que mal, estaba a 2 horas de distancia de mi ciudad natal. Mucha gente se mueve grandes distancias para estudiar/trabajar y la posibilidad de reencontrarse con los suyos se reduce a un par de veces al año. Pero a pesar de esa ‘facilidad’, moverme a la capital terminó siendo el periodo de tiempo que más me ha permitido crecer. Esa palabra a la que le solemos tener miedo porque no sabemos de qué diablos se trata.

Creo que el término que resume mejor todos los adjetivos que le di al hecho de moverse de ciudad, es el de salir de tu zona de confort. Cambia la rutina, las costumbres, probablemente debas hacer más cosas que antes, moverte dentro de tu nuevo espacio sin perderte de vez en cuando llega a ser una bonita aventura ( aunque perderse tiene también su gracia ), y probablemente la suerte no vaya a estar mucho a tu favor. Más si te vas a vivir solo. Porque tú sabes que  el mundo no está como para andar sobreviviéndolo así .

Por eso, probablemente armarse de cosas para hacer,  y actividades donde te puedas re-hacer un círculo cotidiano de gente amiga/cercana es súper importante. En mi caso, yo me moví a Santiago para trabajar, por lo tanto el espectro de gente con la que socializaba todos los días era reducido a los compañeros de trabajo. Imagino que debiese resultar más fácil cuando te vas a otra parte a estudiar. Hay más tiempo y probablemente más gente a tu alrededor. Obvio, siempre están las 1000 diferentes redes sociales, Skype y etc. para mantener el contacto con los que echas de menos. Pero cuando las cosas no anden bien, y necesites más que una notificación en tu teléfono, tendrás que saber rodearte de gente.

7568902286_d85d032664_z

Las cosas buenas? Muchas! Conocer lugares nuevos casi todos los días (si te lo propones), enfrentarte a diversas situaciones que al final, fáciles o difíciles terminan dejándote algo, gozas de independencia y de a poco, comienzas a convivir y llevarte bien con el lugar al que te fuiste. Al menos, así debería ser.

Resulta que creo haber logrado esa sana relación con Santiago recién después de 2 años. Viajaba todos los fines de semana de vuelta a Valparaíso porque Ud. comprenderá que para alguien que pasó más de 20 años viendo mar y cerros y casas de colores, era indispensable pasar tiempo allá para recuperar energías. Pasó el tiempo y la relación con Santiago nunca dejó de ser de mitad amor – mitad disgusto. Todavía extrañaba a mis amigos dinosaurios.

Cambiar de ciudad nuevamente, y volver al lugar al cual siempre pertenecí fue una decisión que costó meses, y en cierta forma, siguió siendo una forma de salir de la zona de confort. Había logrado suficiente estabilidad y podría haberme quedado así mucho tiempo. Pero era hasta necesario, y tengo la gracia de poder contarlo. Si hay algo que pasa como consecuencia de cambiar de aire, de ciudad, si te vas a vivir sol@, etc, es que ganas esa capacidad de poder tomar decisiones importantes, correr riesgos, perderlo todo y ganar el doble. Por eso mismo, todo el mundo debiese pasar un tiempo en otro lugar, adaptándose, acostumbrándose, conociendo y conociéndose. Y volver si es necesario.

Así que un día agarré mis pilchas y me fui. De vuelta.

  • Vicente Felipe Diaz Galleguill

    Muy Bueno el artículo, a todos los que nos cambiamos de ciudad nos cuesta adaptarnos caleta jajaja y ame La referencia a los fother <3