Con “Blunderbuss”, su primer disco solista, Jack White demostró que es capaz de valerse por sí mismo después de haber tenido mucho éxito con sus bandas The Raconteurs, The Dead Weather y, la más importante de todas, los legendarios The White Stripes. En “Blunderbuss”, White se atrevió a incluir más instrumentos en sus composiciones: pasó de la simple combinación guitarra-batería-voz-cachetazo de los White Stripes a tener una banda con violines, mandolina, órganos y armónicas. Y el perla no solamente tocaba sus canciones con una sola banda, sino que se dio el lujo de tener otra banda compuesta únicamente de mujeres. En fin, “Blunderbuss” fue un aviso concreto, una advertencia de que el White solista se venía con todo.

Y así fue. En junio de este año, el oriundo de Detroit lanzó “Lazaretto” a través de su propio sello, Third Man Records. El disco es una revisión precisa de todos los géneros en los que se basó White para construirse como músico: tiene rock zeppelinesco en canciones como “Lazaretto” (la mejor de todas a mi gusto) o “High Ball Stepper”, tintes de blues en “Three Women” y el folk/country reflejado en canciones como “Temporary Ground”. Jack White se está convirtiendo en el nuevo americano de tomo y lomo, el personaje emblema de la música nativa norteamericana, escarbando en las raíces de la música negra y adaptándolas al siglo XXI.

Si bien White se ha caracterizado por su madurez y su brillantez para crear música, este disco es una exploración hacia nuevas dimensiones del compositor, basando sus letras en poemas y cuentos que escribió en su infancia. Es una explosión de personalidad multifacética, que juega con los estados de ánimo del auditor.

Jack White está consolidándose como un solista de lujo. Si bien a los más ortodoxos y tradicionales les va a costar transar el sonido cochino y potente de los White Stripes, hay que asumir que White siempre va a ser más brillante de lo que uno piensa.